domingo, junio 24, 2007

Medicina inútil...


Mis manos.
Mis manos en tu frente, midiendo la temperatura.
Mis manos sosteniendo una linterna, para ver tu garganta.
Mis manos, remojando paños para poner, con cuidado, sobre tu cuello y tu torso desnudo.
Mis manos que tiemblan ante la sola idea de producirte dolor.
Cada gemido febril arranca otro, silente, de mi corazón. Pero ¿qué hacer, si no? ¿qué, si la fiebre te envuelve y te cansa?
He aprendido tantas cosas sobre cómo funcionan y dejan de funcionar los cuerpos... pero cuando se trata del tuyo, me muero de miedo. El tuyo no debiera fallar, nunca. Lo que sé no debiera tener que usarlo contigo...
No me gusta verte enfermo. No me gusta saber que tus músculos están cansados por los escalofríos. No me gusta saber que un sudor malsano ha empapado tus ropas, que el frío te causa dolor y el calor te incomoda. No me gusta ver tus labios resecos y saber que no me dejarás besarlos por miedo al contagio. No me gusta sentir tus músculos hechos un nudo, que no puedo deshacer por falta de tiempo y espacio.
Y a pesar de todo, sonríes. Y cada pequeño bienestar, lo atribuyes a mi. Como si yo hubiera hecho algún tipo de magia antigua y extraña. Y yo no sé más que lo que sé... lo que ocurre, molécula a molécula, con tu enfermedad. Y sé que demorará tres o cuatro días. Y sé que, mañana o pasado, estarás de nuevo en pie, fuerte y radiante, como siempre. Mas temo. Siempre temo. Porque, con todo lo médico que puedo ser, no soy más que una mujer asustada y débil cuando te veo enfermo.
Y mis manos no sirven para diagnosticar nada en tí. Lo único que buscan es darte alivio.
Lo siento, amor mío... pero para tí no soy más que la mujer que sufre si tú sufres. Y que sólo sonríe cuando tú sonríes.
Came in from a rainy Thursday
On the avenue
Thought I heard you talking softly

I turned on the lights, the TV
And the radio
Still I can't escape the ghost of you

What has happened to it all?
Crazy, some are saying
Where is the life that I recognize?
Gone away

But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive

Passion or coincidence
Once prompted you to say
"Pride will tear us both apart"
Well now pride's gone out the window
Cross the rooftops
Run away
Left me in the vacuum of my heart

What is happening to me?
Crazy, some'd say
Where is my friend when I need you most?
Gone away

But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive

Papers in the roadside
Tell of suffering and greed
Here today, forgot tomorrow
Oh, here besides the news
Of holy war and holy need
Ours is just a little sorrowed talk

And I don't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive

Every one
Is my world, I will learn to survive
Any one
Is my world, I will learn to survive
Any one
Is my world
Every one
Is my world

De cosas que pasan. De mundos alternativos que pudieron ser, pero nunca fueron. Un alto en el camino, no más. El mundo que es, es. Y es bueno, gracias a Dios, así es que no cuesta caminar por él ni sobrevivir. Sobrevivir no es la palabra, la verdad. La frase es vivirlo por completo, porque es una maravilla.

jueves, junio 07, 2007

Ella



Salgo al patio a fumarme un cigarro, o dos, o tres y ahí está ella. Mi pobre viejita, tomando el sol porque sus huesos cansados no resisten mucho.
Me ve llegar y se levanta, con dificultad. Casi se ve el dolor en sus ojitos de almendra. Cojea, pero me saluda igual que hace años, cuando era chiquita y corría y saltaba detrás de las abejas en el jardín. Apoya su cabeza en mis rodillas y me pide (más bien, exige), en silencio, cariño. Le rasco la cabeza, las orejas, el cuello. Y me mira, cansada pero tranquila. Como diciendo "No te preocupes, dos-pies... soy feliz con esto. Soy feliz con sólo escucharte".
Duerme adentro, ahora. En un cojín con estampado de patitas de perro. Le doy sus remedios todos los días, pero sé que no van a servir de mucho.
A veces, cuando salen las otras dos, trata de jugar. Trota un poco, pero sus patas traseras fallan y se cae. Le cuesta levantarse, le cuesta hasta rascarse la guata... y se me llenan los ojos de lágrimas. Pero ella me mira (juraría que sonríe), mueve la cola con pereza casi coqueta y me dice "Te quiero, dos-pies. Y mientras tú me quieras, nada duele demasiado como para no correr a recibirte".
La abrazo y descanso el alma. En su olor a perro anciano, entre sus pelos medio tiesos, con su hocico en mi hombro. Me ha acompañado en las buenas y en las malas. Pero ella no sabe que ha habido malas. Para ella, todo el tiempo es bueno. Incluso este. Incluso el que viene.
Cuando se vaya... mejor no pensarlo.
Mejor acordarse de ella, ladrando feliz, corriendo por el jardín detrás de las abejas. De ella, lamiendo y mimando a su primer y único cachorro. De ella escondiéndose de Jaime. De ella echada, como una esfinge, cuidando la casa de los suyos.
Ella. Mi niña, mi preciosa mujercita... mi Diana. La mejor de los perros.