jueves, diciembre 27, 2007

Cosas




A veces, las manos todo lo saben y todo lo pueden
A veces, la confianza se deposita en esas manos porque sí
A veces, el alma se carga de cargas que las manos no pueden sostener
Esta alma, al menos...

La vida no es aquello a lo que nos enfrentamos; es el enfrentamiento mismo
Es azotarse, una y otra vez, contra las mismas murallas (chinas?) de piedra
Hasta que aparecen grietas
Y sonreimos
Los mejores y los peores, sonreimos

Hay un Dios Todopoderoso, Omnisciente y Eterno
Lo sé porque le he visto en miles de ojos
Lo sé porque no me ha dejado ir
Espero que me deje ir
y no muy tarde



Espero que no espere que yo dure para siempre
Porque así no se puede durar para siempre
Cuando el alma se carga de cargas y se cansa

Y el que sabe entender, que entienda y le aproveche
El que no quiere entender, que se quede ciego y sordo y mudo
Y no vea la Luz, esa que a veces brilla desde mis ojos para otros
Pero que no es ni ha sido nunca mía

Rage, rage against the dying of the light!
Will my raging be enough?
Or will I go gentle into that good night?

Y eso, señores, es lo que pasa por la mente de uno a veinticuatro horas de cambiar de folio. Y estos son los momentos en que a uno debiera permitírsele des-cumplir años.

martes, septiembre 25, 2007

Namárië


Cuando el oscuro bosque se puso ante mí
Y todos los senderos estaban cubiertos de maleza

Cuando los sacerdotes del orgullo dijeron

"No hay otro camino"
Labré las penas de piedra


No creí porque no podía ver
Aunque viniste a mi en la noche
Cuando el alba parecía perdida para siempre

Me mostraste tu amor
En la luz de las estrellas

Envía tus ojos al océano
Envía tu alma al mar
Cuando la oscura noche parezca interminable
Por favor, recuérdame

Entonces, la montaña se alzó ante mi
Junto al profundo pozo del deseo
Desde la fuente del Perdón,
Más allá del hielo y el fuego

Envía tus ojos al océano
Envía tu alma al mar
Cuando la oscura noche parezca interminable

Por favor, recuérdame

Aunque compartimos este humilde camino, solos

Cuan frágil es el corazón
Oh, dad a estos pies de arcilla alas para volar,
Para tocar el rostro de las estrellas

Inspirad vida a este débil corazón
Levantad este mortal velo de miedo

Tomad estas esperanzas ajadas, grabadas con lágrimas

Nos alzaremos por sobre estas preocupaciones terrenas


Envía tus ojos al océano
Envía tu alma al mar
Cuando la oscura noche parezca interminable
Por favor, recuérdame
Por favor, recuérdame

("Dante's Prayer", Loreena McKennit)


Me voy. Me despido. Y vuelvo pronto.
Namárië, dijeron por ahí. Namárië, Beren, que no necesitas que te coma la mano un lobo para serlo. Bzz.

domingo, septiembre 23, 2007

DAMMIT!!

Hace mucho, mucho tiempo que no escribo nada. La verdad es que he tenido cosas que hacer y gente que ver y estaba mala mi conexión a interné, así es que por eso. Y bueno, tampoco había estado tan interesante la cosa.
Pero... (obvio, Dios existe y le CARGA aburrirse)
Me voy embarcada. En el Aquiles. Zarpamos el miércoles y no volvemos hasta quizás cuando. Y me carga, porque ya quiero dejar de andar de allá para acá. Aunque Santiago sea un asco, espero con ansias que llegue el día de vivir allá, estable, al menos por tres años.
Y justo ahora que las cosas iban tan bien. Justo ahora, que he bajado de peso y me siento un poco más segura de mi misma. Justo ahora, la suma de todos los miedos. Irme, lejos, otra vez. Y peor que antes, porque ni siquiera tendré internet o teléfono a diario. O sea, a lo mejor ni siquiera me entero y vuelvo y está el desastre otra vez... en todo caso, me ahorraría de leerlo en otro blog...
Mejor no pensar más. Pero me carga, me carga y me re-carga. Quiero no irme.
Para rematar las cosas, tengo amigdalitis. Pasé la noche con tersianas y me siento pesimísimo. Y no puedo salir, estoy en cama, no puedo fumar, me duelen las articulaciones y me gané una dosis de sódica/benzatina ahora y otra más en la noche. Porque me tengo que mejorar. Porque zarpamos el miércoles...
Maldito mundo.

viernes, agosto 10, 2007

Preocupaciones

Mucho tiempo sin escribir... ha habido mucho que hacer.
Hoy se me murió una paciente, mamá de un cabo que trabaja en la Base. Mejor por ella, estaba muy requetecontra mal. Anoche me llamaron varias veces los familiares, preocupados y angustiados por cómo iba evolucionando todo. En una de las llamadas, acercaron el teléfono a la señora H., para que yo escuchara los ruidos que hacía al respirar. Y escuché. Es un sonido que me había tocado escuchar sólo una vez antes (por gracia de Dios, casi nunca me ha tocado que se me muera gente. La única otra vez fue mi madrina, la tía Elba, hacedora de todas mis tortas de cumpleaños hasta los 4 años), pero lo reconocí de inmediato. Es muy raro esto de saber, saber a ciencia cierta, incluso por teléfono, que la vida se le está arrancando a alguien. Pero sirve, al menos, para disipar un poco las aprensiones de la familia. "No se asusten", les dije, "es lo que ya les había comentado, de que la respiración le va a fallar de a poco y, en algún momento, se va a parar". Y así no más fue. A las diez de la mañana de hoy. Y fui, hice el certificado de defunción, pedí que me avisaran por el funeral. Y ahora escribo, después de mucho tiempo.
A veces, dudo. De mi elección de especialidad. A veces pienso que podría hacer más al lado de las camas de los enfermos que frente al microscopio o la mesa de autopsias. Pero entonces recuerdo el desgaste que significa cuidar de un enfermo. Al menos para mi, porque no puedo (jamás he podido) "desconectarme". Salir de la casa del paciente y olvidar que existe, olvidar los problemas que vive su familia, los dolores, los hedores, las incomodidades. Me los llevo. Pienso en ellos, pienso en qué más hacer para ayudarlos, en cómo distribuir mejor mi tiempo para estar con ellos... no puedo. No puedo elegir vivir así.
Pero dudo...


En fin. Encontré una página joyas Art Nouveau. Hay un par (tal vez un par de pares) de cosas notabilísimas. He notado, eso sí, que al menos en cuanto a los anillos, prefiero el Art Deco.

http://www.adin.be/en/sh_display_2x10.asp?ArtLS=2

Y creo que eso es todo. Salvo otras complicaciones que no son tema para este blog.

domingo, junio 24, 2007

Medicina inútil...


Mis manos.
Mis manos en tu frente, midiendo la temperatura.
Mis manos sosteniendo una linterna, para ver tu garganta.
Mis manos, remojando paños para poner, con cuidado, sobre tu cuello y tu torso desnudo.
Mis manos que tiemblan ante la sola idea de producirte dolor.
Cada gemido febril arranca otro, silente, de mi corazón. Pero ¿qué hacer, si no? ¿qué, si la fiebre te envuelve y te cansa?
He aprendido tantas cosas sobre cómo funcionan y dejan de funcionar los cuerpos... pero cuando se trata del tuyo, me muero de miedo. El tuyo no debiera fallar, nunca. Lo que sé no debiera tener que usarlo contigo...
No me gusta verte enfermo. No me gusta saber que tus músculos están cansados por los escalofríos. No me gusta saber que un sudor malsano ha empapado tus ropas, que el frío te causa dolor y el calor te incomoda. No me gusta ver tus labios resecos y saber que no me dejarás besarlos por miedo al contagio. No me gusta sentir tus músculos hechos un nudo, que no puedo deshacer por falta de tiempo y espacio.
Y a pesar de todo, sonríes. Y cada pequeño bienestar, lo atribuyes a mi. Como si yo hubiera hecho algún tipo de magia antigua y extraña. Y yo no sé más que lo que sé... lo que ocurre, molécula a molécula, con tu enfermedad. Y sé que demorará tres o cuatro días. Y sé que, mañana o pasado, estarás de nuevo en pie, fuerte y radiante, como siempre. Mas temo. Siempre temo. Porque, con todo lo médico que puedo ser, no soy más que una mujer asustada y débil cuando te veo enfermo.
Y mis manos no sirven para diagnosticar nada en tí. Lo único que buscan es darte alivio.
Lo siento, amor mío... pero para tí no soy más que la mujer que sufre si tú sufres. Y que sólo sonríe cuando tú sonríes.
Came in from a rainy Thursday
On the avenue
Thought I heard you talking softly

I turned on the lights, the TV
And the radio
Still I can't escape the ghost of you

What has happened to it all?
Crazy, some are saying
Where is the life that I recognize?
Gone away

But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive

Passion or coincidence
Once prompted you to say
"Pride will tear us both apart"
Well now pride's gone out the window
Cross the rooftops
Run away
Left me in the vacuum of my heart

What is happening to me?
Crazy, some'd say
Where is my friend when I need you most?
Gone away

But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive

Papers in the roadside
Tell of suffering and greed
Here today, forgot tomorrow
Oh, here besides the news
Of holy war and holy need
Ours is just a little sorrowed talk

And I don't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive

Every one
Is my world, I will learn to survive
Any one
Is my world, I will learn to survive
Any one
Is my world
Every one
Is my world

De cosas que pasan. De mundos alternativos que pudieron ser, pero nunca fueron. Un alto en el camino, no más. El mundo que es, es. Y es bueno, gracias a Dios, así es que no cuesta caminar por él ni sobrevivir. Sobrevivir no es la palabra, la verdad. La frase es vivirlo por completo, porque es una maravilla.

jueves, junio 07, 2007

Ella



Salgo al patio a fumarme un cigarro, o dos, o tres y ahí está ella. Mi pobre viejita, tomando el sol porque sus huesos cansados no resisten mucho.
Me ve llegar y se levanta, con dificultad. Casi se ve el dolor en sus ojitos de almendra. Cojea, pero me saluda igual que hace años, cuando era chiquita y corría y saltaba detrás de las abejas en el jardín. Apoya su cabeza en mis rodillas y me pide (más bien, exige), en silencio, cariño. Le rasco la cabeza, las orejas, el cuello. Y me mira, cansada pero tranquila. Como diciendo "No te preocupes, dos-pies... soy feliz con esto. Soy feliz con sólo escucharte".
Duerme adentro, ahora. En un cojín con estampado de patitas de perro. Le doy sus remedios todos los días, pero sé que no van a servir de mucho.
A veces, cuando salen las otras dos, trata de jugar. Trota un poco, pero sus patas traseras fallan y se cae. Le cuesta levantarse, le cuesta hasta rascarse la guata... y se me llenan los ojos de lágrimas. Pero ella me mira (juraría que sonríe), mueve la cola con pereza casi coqueta y me dice "Te quiero, dos-pies. Y mientras tú me quieras, nada duele demasiado como para no correr a recibirte".
La abrazo y descanso el alma. En su olor a perro anciano, entre sus pelos medio tiesos, con su hocico en mi hombro. Me ha acompañado en las buenas y en las malas. Pero ella no sabe que ha habido malas. Para ella, todo el tiempo es bueno. Incluso este. Incluso el que viene.
Cuando se vaya... mejor no pensarlo.
Mejor acordarse de ella, ladrando feliz, corriendo por el jardín detrás de las abejas. De ella, lamiendo y mimando a su primer y único cachorro. De ella escondiéndose de Jaime. De ella echada, como una esfinge, cuidando la casa de los suyos.
Ella. Mi niña, mi preciosa mujercita... mi Diana. La mejor de los perros.

viernes, mayo 25, 2007

Alas


¡Tengo alas!
No. No soy un ángel (ja, ja), ni un vampiro, ni un hada. Pero tengo alas. Un albatros dorado en el uniforme. Y me siento feliz y orgullosa. Después de más o menos un mes de haber terminado el curso de Medicina de Aviación para oficiales, en una ceremonia sencilla pero muy bonita, con un discurso emotivo en que quedé como "hito de la historia" (sí, se rieron de mi mucho, después). La foto es del minuto en que tocaban diana para celebrar el evento. A mi, la piocha me la puso mi padre. Era lo más cool y lo menos incómodo (el almirante se rehusó a meter la mano debajo de mi solapa, cosa que me pareció tremendamente caballerosa).
Después, una vez idos los familiares, todos los oficiales especialistas nos esperaban en la cámara, para la defensa del nombre de combate y la sacada de la piocha de un vaso (con alcoholes varios). Salió todo bien, no di jugo y me aceptaron el nombre de combate (que me costó una enormidad elegir. Sorprende la escasez de nombres de combate femeninos que empiecen con "V"). Valkiria, elegí yo. Me reclamaron que se escribe con "W", pero yo tenía todo mi estudio lingüístico de respaldo, así es que quedó así. Al fin y al cabo, los escandinavos no usan la "W" como "V"...
Aparte de eso, las últimas dos semanas han sido bastante estresantes. La beca que se me viene encima, con carga de estudio y el agregado de tres años de supervivencia en Santiago. El famoso programa de Vida Sana que estamos instaurando en el complejo aeronaval. El sabotaje que mis padres intentan hacer respecto de mi situación emocional. Las ganas cada vez más grandes de vivir sola de nuevo. Las clases para mi hermano y sus amigos (más conocidos como "los aspirones" a oficiales de Sanidad). La falta de espacios, los malos recuerdos, peleas varias.
Y, muy para mi sorpresa, las cosas se están arreglando. El asunto del complejo ya casi está listo. La última batalla campal, hace dos días, aclaró muchas cosas y eliminó una serie de barreras invisibles, de las "cosas que no se hablan". Hay proyectos que tienen que salir y, ahora, voluntad para que salgan.
Me alegra todo esto. Me alegra ver que mis dioses se acuerdan de mi y le ganan en los gallitos (de repente) al famoso Omnipotente, que me tenía harta con su pésimo sentido del humor y su inmenso desdén por mis oraciones.
Caminar y no parar. Mirar siempre al frente. Mantener viva la esperanza. Y querer, sin medida.

domingo, mayo 13, 2007

Mi papá


La verdad, no puedo decir mucho. Salvo que me cayeron lágrimas cuando vi esta foto. Y me la robé, por supuesto. Nadie en mi vida es como mi padre. Y creo que lo supe desde siempre. Y el todavía me mira así.

viernes, abril 27, 2007

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Es de Neruda. Me carga Neruda. Pero el asunto no ha dejado de darme vueltas en la cabeza.

miércoles, abril 25, 2007


I'm waiting for the night to fall
I know that it will save us all
When everything's dark
Keeps us from the stark reality

I'm waiting for the night to fall
When everything is bearable
And there in the still
All that you feel is tranquillity

There is a star in the sky
Guiding my way with its light
And in the glow of the moon
Know my deliverance will come soon

I'm waiting for the night to fall
I know that it will save us all
When everything's dark
Keeps us from the stark reality

I'm waiting for the night to fall
When everything is bearable
And there in the still
All that you feel is tranquillity

There is a sound in the calm
Someone is coming to harm
I press my hands to my ears
It's easier here just to forget fear

And when I squinted
The world seemed rose-tinted
And angels appeared to descend
To my surprise
With half-closed eyes
Things looked even better
Than when they were open

Been waiting for the night to fall
I knew that it would save us all
Now everything's dark
Keeps us from the stark reality

Been waiting for the night to fall
Now everything is bearable
And here in the still
All that you feel is tranquility

A veces, la noche es el único momento de paz en mi vida. En noches como la de hoy, quisiera que nunca jamás volviera a salir el sol. Dormir... soñar, tal vez.
¿Qué, si no, se hace con todas las frustraciones? ¿Con las palabras que no salen o no se dejan salir, por miedo? La angustia deja de apretar la garganta cuando se duerme. La oscuridad hace olvidar las carencias que eran dolorosamente evidentes a la luz del día.
Y, sin embargo, el sol saldrá mañana (como decía Anita la huerfanita). Pero no hará olvidar ninguna pena. Ninguna. Habrá que mirar a la cara, otra vez, todo aquello que no es. Que parece que no va a ser nunca.
La espada y la pared, me dijeron. Las amenazas no sirven, respondí. No se logra nada, salvo conductas forzadas, aprendidas a lo Pavlov.
Seguir andando. Seguir esperando, contra toda esperanza.
Esperando que los elfos canten, que las sirenas se peinen al sol y los caballos tengan alas.
Esperando nada, la verdad.

martes, abril 24, 2007

C-4: Combat Casualty Care Course... o Como Cansarse Con Cuática



La semana pasada... uf.
Pocas cosas se esperan con tantas ansias (no me incluyo entre los ansiosos), se preparan con tanto ahínco y generan tanta tribulación como el curso C-4. Cuidado de Heridos en Combate.
Camillaje manual. Transporte de heridos en camilla. Navegación terrestre. Patrullaje táctico, triage en trincheras, botes de goma, disparos, bombas de ruido, humo, calor y tierra ¡Qué manera de comer tierra, por Dios!
Yo lo hice el 2004. Después, de nuevo pero en gringolandia, a principios del año pasado. Ahora, por segunda vez, como instructor de patrulla. Es decir, a donde la patrulla iba, yo iba. Todos los cansancios compartidos. Este año, incluso, le llevó pernoctada en el campo de entrenamiento. Y, más encima (porque Dios tiene un humor enfermo y cañas pésimas), me resfrié un día antes de que empezara el curso. Además de tierra y sudor, mocos.
Pero es entretenido. Siempre es entretenido. Como regalo sorpresa, mi patrulla resultó ser la mejor del curso y mi amigo Cristián (instructor jefe de la susodicha patrulla), mejor jefe de patrulla.
En general, uno se siente haciendo aquello para lo cual decidió usar uniforme. Nada de policlínicos eternos, nada de pacientes octogenarios en camas que ya tienen marcado el cuerpo en el colchón, nada de enfermeras mandonas ni ajustes idiotas de electrolitos en el suero. Todo simple: vive o se muere, párele el sangrado, sáquelo rápido. Corra, agáchese, vigile el perímetro.
Pero cansa. Cansa como nada que me haya tocado hacer. Noches de cuatro horas de sueño, a veces tres, a veces ninguna. Días de quince, dieciséis o hasta veinte horas.
Tal vez (sólo tal vez), lo echaré de menos durante los tres años de beca.

En otras noticias, mi madre anda de viaje otra vez. En Washington, D.C.
El Jueves nos pasan revista en la Base. Así es que andan todos mis enfermeros urgidos revisando papeles varios y pasándomelos para firmas ultra atrasadas.
Y yo que tengo que preparar clases, instaurar un sistema nuevo de atención a pacientes, lograr que funcione el programa de Vida Saludable en el complejo aeronaval y empezar con la certificación aeromédica la semana que viene... la animación suspendida parece una excelente alternativa en este minuto.

Pero hay un hombre que me quiere. Y que es feliz porque lo quiero. Y eso es todo lo que importa, todo lo que es bueno y mi más grande descanso.

domingo, abril 01, 2007


"El crecimiento más profundo se da en los momentos más dolorosos. Darse cuenta de que hay una dificultad es el primer paso para encontrar la solución. Una vez que aceptamos nuestra desesperación y admitimos nuestra impotencia, nos convertimos en poderosos. Enunciando nuestra confusión, damos el primer paso hacia la claridad (...) La promesa de claridad yace en el centro del caos."

Caryn Summers
(sacado de "Vocación de Curar", librito regalo de una amiga y colega.)


No hay mucho que decir.
Salvo que nada me hace más feliz que los árboles, el aire fresco, tu voz en el silencio del bosque y tu mano en la mía.
Ezo.

Mira esta cara, sé que se empiezan a notar los años
Mira esta vida, aun no sé hacia dónde va

No sé mucho, pero sé que te amo
Eso puede ser todo lo que necesito saber

Mira estos ojos, nunca han visto lo que importa
Mira estos sueños, tan golpeados y vapuleados

No sé mucho, pero sé que te amo
Eso puede ser todo lo que necesito saber

Tantas preguntas aun sin respuesta
Tanto que no he superado
Y cuando te siento cerca de mí, a veces veo tan claro
La única verdad que conoceré jamás somos tú y yo

Mira a este hombre, bendito de inspiración
Mira esta alma, aún buscando salvación

No sé mucho, pero sé que te amo
Eso puede ser todo lo que necesito saber
No sé mucho, pero sé que te amo
Y eso puede ser todo lo que hay por saber...

("Don't know much", de Linda Ronstadt. La canción en sí no me gusta mucho, pero la letra vino como anillo al dedo hoy.)

sábado, marzo 31, 2007

Eyes of mercy



Silencio, cierra tus ojos
Y yo te mantendré seguro
Te dejaré sollozar
Y cantaré para que duermas

No tengas miedo
Recuerda que estoy aquí
El ruido de la calle desaparecerá pronto

Cuando el suave rostro de la misericordia
Se pierda tras un velo
Yo me quedaré con los ojos abiertos
Me quedaré aquí con los ojos abiertos
Para velar por tí
Y llevarme lejos la tristeza y el miedo

Escóndete en mis brazos
Y sueña sueños dorados,
Olvidando el mundo
De hombres y máquinas

Cuando los suaves ojos de la misericordia
Estén cegados por la oscuridad
Yo me quedaré con los ojos abiertos
Me quedaré aquí con los ojos abiertos
Para velar por tí
Y llevarme lejos la tristeza y el miedo

Yo estaré aquí

No es mío, es de October Project. La música de ellos la conocí hace años, gracias a un amigo. Las letras, en su gran mayoría, son preciosas. La traducción hace que se pierda un poco el espíritu de la canción, pero que se le va a hacer.

A veces me echo y pienso en lo bueno que debe ser que haya alguien velando por uno. No mis padres, que a veces dan más la impresión de ser lazarillos (y de verdad deben creer que estoy ciega y no sé ver lo que es bueno para mi...).
A lo mejor estoy ciega y no veo lo que es mejor para mí. A eso también le doy vueltas, en el silencio de la noche. Pero no creo que importe mucho. Ciega o no, persisto en un camino porque me gusta. Aunque hay veces en que quisiera dejar todo y tomar el camino paralelo, ese que dejé atrás en alguna encrucijada, ahora perdida en la distancia. Tal vez ya no exista el camino paralelo.
Hay quien se ríe de mi por el brillo en mis ojos. Cuando hablo de, o pienso en, aquello que quiero, más que nada en el mundo. Tampoco importa mucho, al menos no en un sentido negativo. Celos, pueden ser, de no tener motivo para que brillen los ojos, o de no tener a alguien cuyos ojos brillen por uno. Ahora bien, no sé si haya ojos que brillen por mí. Salvo, tal vez, los de mi padre, cuando comenta mis logros. Sí los hay que han llorado por mi causa y eso, probablemente, sea el motivo más poderoso para pensar, una y otra vez, en volver al camino paralelo.
Los suaves ojos de la misericordia... ¿existirán en alguna parte? ¿o estarán, para mí, siempre cegados por la oscuridad?
Dios dirá. Mientras tanto, espero.
Y estoy aquí, siempre.

domingo, marzo 25, 2007


De a poco... y veremos.
Hoy fue un buen día, contra todo pronóstico.

I’m not right
And I’m not fine
I wanna be rain that tastes like wine
I wanna be good
I wanna be great
I wanna be everything
Except for your mistake

Send me inside
Your mind
I wanna know what you’re thinking
This time
I’ll try
To be the one you always thought you knew

It’s true
I’m blue
And without you
I’m not right
I’m not fine
I wanna be rain that tastes like wine
I wanna be good
I wanna be great
I wanna be everything
Except for your mistake

Let me into
Your view
I wanna know how you see this thing
That’s us
I must
Keep managing my madness over you

It’s true
I’m blue
And without you
I’m not right
I’m not fine
I wanna be rain that tastes like wine
I wanna be good
I wanna be great
I wanna be everything
Except for your mistake

And I don’t want your sympathy
Just understanding
Would we be better off if I just took some time
To try to understand you?

I’m not right
I’m not fine
I wanna be rain that tastes like wine
I wanna be good
I wanna be great
I wanna be everything
Except for your mistake

I’m not right
I’m not fine
I wanna be rain that tastes like wine
I wanna be seen
I wanna get clean
I wanna just fall out of in between
I’m not right
And I’m not right
I don’t want to be your mistake

jueves, marzo 22, 2007

Flores


I

La pareja de sucios cazadores se asomó tras una roca, procurando no hacer ruido. El alce herido al que habían seguido desde hacía cuatro salidas del sol alzó las orejas y husmeó el aire quieto y tibio de la tarde de primavera. Aparentemente satisfecho, agitó su cornamenta rota y bajó la cabeza para volver a pastar.

H’gaa miró a su compañero. Sus ojos castaños brillaban con el placer anticipado de la caza, desde debajo de sus espesas y negras cejas. La frente abultada, usualmente arrugada por las preocupaciones diarias se distendió y sus gruesos labios se curvaron hacia arriba en una mueca que no encerraba, como bien sabía Wnre, amenaza alguna. La presa estaba tan cerca que podían oler el sudor de su piel. Wnre gruñó por lo bajo, también denotando satisfacción. Los homínidos se deslizaron lenta y silenciosamente desde detrás de la roca, sus toscas armas levantadas. La de H’gaa mostraba numerosas marcas, señalándolo como uno de los mejores cazadores del clan. La superficie rugosa del mango de la lanza de Wnre estaba tan limpia como cuando la rama había sido recogida por primera vez del suelo. Intercambiando una última mirada con su compañero, H’gaa inclinó la cabeza y, rugiendo, corrió hacia el alce. Wnre lo siguió, profiriendo un grito bastante menos amenazante. El alce levantó la cabeza y sus ojos parecieron salirse de las órbitas, llenos de pánico. Intentó correr, pero su pata trasera izquierda se arrastró inútilmente por el pasto. H’gaa rugió con más fuerza, presintiendo la victoria y se abalanzó sobre el animal, hundiendo su lanza profundamente en el cuello. El alce, enloquecido de dolor y miedo, agitó la cabeza con toda la fuera que le fue posible, forzando al cazador a soltar su lanza. H’gaa resopló, incorporándose, mientras Wnre clavaba su arma en el costado del animal agonizante. El alce se desplomó con los ojos fijos en el horizonte. Burbujas de sangre roja y brillante brotaban de su hocico y nariz. Saltando, eufóricos por la matanza y la expectativa de alimento, H’gaa y Wnre no percibieron la amenaza a sus espaldas. El alce bramó, desesperado… y un rugido atronador llenó el pequeño valle. Wnre se volteó y miró al enorme tigre directo a los ojos. El felino gruñó y Wnre golpeó a H’gaa en el hombro, al tiempo que empezaba a retroceder. H’gaa gimió con una mezcla de miedo y frustración. La presa no sería suya. No tenían más armas y habían decidido salir solos para no compartir la gloria ni la carne. El tigre volvió a gruñir, esta vez con menos tono de amenaza, al ver que los pequeños bípedos se alejaban lentamente de la presa. De un salto, se ubicó entre ellos y el alce muerto, agitando la cola. Wnre y H’gaa, cabizbajos, voltearon y se alejaron a paso vivo del sitio de la matanza. De lejos, podían oír los gruñidos de satisfacción del tigre, secundados por los de protesta de sus estómagos vacíos.

H’gaa se golpeó la cabeza con ambas manos y miró a Wnre con expresión de profunda desazón. Wnre le correspondió con una mueca y un encogimiento de hombros.

De pronto, Wnre se detuvo. H’gaa, sin notarlo, dio tres o cuatro pasos antes de voltearse a mirar. Wnre estaba inclinado sobre una piedra, junto a la que corría un pequeño arroyuelo y cogía delicadamente algo con los dedos. H’gaa se acercó a ver de qué se trataba, esperando que fuera algún tipo de insecto comestible. En su lugar, vio a Wnre levantar una pequeña flor azul. Cinco pétalos delicados rozaban los dedos toscos y peludos del cazador. Wnre sonrió, satisfecho y continuó caminando. H’gaa lo miró y agitó la cabeza, levantando un brazo y golpeando a Wnre en la nuca. Entre gruñidos y silbidos, le preguntó para qué demonios se había detenido a recoger semejante tontería, que ni siquiera podía comerse. Wnre apoyó la flor contra su pecho, donde cada noche descansaba la única otra cabeza en el clan que le importaba, y respondió: “Para Ruu’dh”.

II

Encorvado y sudoroso, Even tiró nuevamente de la gruesa cuerda de junco, sus manos llenas de sangrantes ampollas, pese a ser ya callosas. Djed, el guardia egipcio, le dedicó una sonrisa de aprobación. Even era uno de los mejores esclavos judíos que poseían. Trabajaba de sol a sol, jamás se quejaba y, en ocasiones, era capaz de completar las labores de dos o tres hombres. Gur, el mejor amigo de Even, cargaba enormes sacos de harina de trigo hacia los silos construidos en la base de la montaña que dominaba el pequeño valle. Mirando por sobre el hombro, Gur guiñó un ojo a su amigo y sonrió. La jornada terminaría pronto y la piedra que desplazaba el grupo de trabajo de Even ya casi estaba sobre la plataforma que la izaría para formar parte de la base de una nueva tumba. Even sonrió de vuelta. Delante de él, un anciano cayó al suelo. Conteniendo el aliento, el resto de los esclavos en la línea esperaron a oír el chasquido del látigo de Djed o alguno de los otros guardias; Even fue más rápido. Soltando la cuerda, interpuso su cuerpo entre el guardia y el anciano y miró fijamente a Djed mientras tendía una mano al caído. Djed se limitó a asentir y a indicar al anciano que saliera de la línea. Ante la mirada disgustada de Manti, el guardia que había más cerca, Djed explicó con brusquedad que el anciano sólo retrasaría a la línea de esclavos. Y que Even era capaz de hacer el trabajo que el anciano dejaría. Even bajó los ojos, agradecido y cogió nuevamente la cuerda. Las manos le ardían y los músculos de sus brazos amenazaban con cortarse, pero se echó la cuerda al hombro. A la cuenta del primero de la línea, continuaron tirando de la inmensa piedra, mientras el sol iniciaba su lento descenso hacia el horizonte.

Manti, ofendido por el despliegue de piedad de Djed, avanzó hasta ponerse al lado de Even.

“Si te detienes”, le susurró, con el veneno de mil áspides fluyendo en su voz, “me obligarás a azotarte hasta que el sol se ponga, esclavo”. Como para reafirmar su punto, hizo restallar el látigo contra el suelo, a milímetros del pie de Even. El resto de los esclavos de la línea se encogieron, un reflejo adquirido tras años de ser golpeados. Pero Even mantuvo su postura inalterable y, por toda respuesta, dio otro fuerte tirón a la cuerda.

Gur, que había presenciado la escena desde el camino a los silos, se golpeó suavemente la frente con la mano. Otro esclavo que pasaba por su lado le dio una palmadita en la espalda y murmuró: “Ese no aprenderá nunca… tuyo es el nombre, Gur. Pero el corazón del León es de Even”.Sin decir palabra, Gur cargó otro saco de harina y reanudó la marcha hacia los silos. No pudo, sin embargo, borrar la sonrisa de su rostro.

A lo lejos, desde el río, llegaban los ecos de la charla de las mujeres. Even, olvidando el peso, el sol, el dolor y el cansancio, se concentró para ver si lograba aislar la voz de ella, la que representaba su único motivo y su único descanso. Ella, que le estaba prometida. Y que le había prometido su corazón, por voluntad propia. Recordó sus profundos ojos negros, llenos de sombras misteriosas y sueños de libertad. El aroma de su cabello, a higos frescos y miel. Even siempre se preguntaba cómo podía ella oler así. Y le apenaba su propio hedor, a sudor, sangre y polvo.

Perdido en sus cavilaciones, de pronto notó algo a la orilla del camino. Giró la cabeza para mirar y frunció el entrecejo. Un nenúfar azul, abierto a la luz del sol, descansaba en una pequeña poza de agua ¿qué hacía aquella flor allí, tan lejos del río? Sonrió, pensando que de alguna manera, magia tal vez, ella se las había arreglado para enviarle compañía y consuelo. Sin pensarlo dos veces, soltó la cuerda y se agachó para recoger la flor, poniéndola entre el borde de su taparrabos y la piel. Antes de que pudiera levantarse, sintió el agudo y lancinante dolor del látigo en su espalda. Una y otra vez Manti lo azotó, hasta que bajo su piel se veían largas franjas de músculo expuesto. Even aguantó estoicamente, apoyado sobre manos y rodillas, evitando que el látigo dañara la flor. Con lágrimas en los ojos, vio como enormes gotas de sangre manchaban los suaves pétalos. De pronto y sin aviso, sintió que algo caía pesadamente a su espalda. Cerró los ojos, pero el murmullo sorprendido de sus compañeros de línea lo obligó a mirar. Manti yacía de bruces en el suelo y un hilillo de sangre formaba un minúsculo torrente que arrastraba arenilla y hormigas desde su sien hacia los pies de Even. Una mano se apoyó en su cabeza, mientras otra le ayudaba a incorporarse. Agonizando de dolor, mantuvo la espalda encorvada, pero levantó la cabeza para mirar a su benefactor.

Djed le dirigió una sonrisa torcida y fijó los ojos en la flor. Even intentó mover la mano para protegerla, pero dejó caer el brazo con una mueca de dolor. Levantó los ojos hacia el egipcio. El guardia, sin dejar de sonreír, cogió delicadamente el nenúfar.

Un poco más atrás, en el camino, Gur miraba la escena, boquiabierto y petrificado por la sorpresa. Djed le hizo una seña para que se acercara, mientras preguntaba algo a Even. Gur se apresuró a llegar al lado de su amigo y, con cuidado, lo cogió por la cintura, que estaba relativamente indemne.

“Llévatelo y cúrale las heridas. Ya veré yo como explico esto, pero no iba a dejar que ese idiota matara a mi mejor esclavo”, dijo el egipcio.

Gur inclinó la cabeza en señal de asentimiento y, obedientemente, se llevó a Even hacia el pequeño caserío que ocupaba su tribu.

“¿Qué fue eso, Even? ¿En qué estabas pensando?”

Even, demasiado débil como para responder, sencillamente miró a su amigo y sonrió.

“Yahvé te proteja, pobre tonto… un día de estos van a matarte”, dijo Gur.

Djeb se alejó por el camino al río, el corazón extrañamente liviano. En una mano acunaba a la flor azul. Y en su mente resonaba la respuesta del esclavo:

“Para Hedya…”.

martes, marzo 20, 2007

Abismos


Hay un abismo enorme. Y mis piernas no pueden saltarlo. Mis manos han olvidado como construir puentes. Mis ojos te buscan al otro lado y no veo más que sombras. A veces, tu silueta como la recuerdo se insinúa entre los árboles. Mis labios forman el nombre con el que te conocía y mi garganta emite los sonidos, pero no pareces oirme. Grito hasta quedar sin aire, pero te alejas. ¿Será que has olvidado tu nombre? ¿Será que has olvidado mi voz?
¿Qué has encontrado al otro lado, que te aleja y te vuelve sordo?
Una lágrima rueda, solitaria, por mi mejilla. La odio. La desprecio. Me desespera lo que significa... me desespera la distancia, porque sé que es más grande que el abismo, más profunda que el bosque al otro lado, más oscura que las sombras que te esconden. La sé insalvable. Sé que jamás voltearás para considerar siquiera mirar hacia mi lado del abismo.
¿Qué hacer? Me lo pregunto una y otra vez, en noches sin estrellas, en amaneceres que queman los ojos. ¿Dónde está la luna, que iluminaba todo, alguna vez? ¿Dónde el océano profundo y extenso, que calmaba mi alma con cada rugido de sus olas? Nada. Nada más que el viento, silbando y llamándome desde el yermo a mis espaldas. Temo dar la vuelta. Temo darte la espalda. Porque el yermo puede resultar no ser tal. El vacío que espero encontrar podría estar lleno de nuevos olores, de nuevos colores, de felicidades que no creía posibles.
Pero si no volteas, si no respondes... si ni tú ni yo somos capaces de establecer algún tipo de pasadizo, ¿qué alternativa me queda? Tal vez permanecer de pie, al borde del abismo, esperando a que el sol y el viento se coman mi carne y transformen mis huesos en polvo, que pueda cruzar el vacío y encontrarte. Y si el polvo de la que fui te encuentra y lo sacudes con disgusto, todo habrá sido en vano. Y si se pierde entre ramas y rocas, todo habrá sido en vano.
No veo salida. Salvo aquello que yace a mis espaldas. Pero temo. Temo dar la vuelta, temo darte la espalda.
Y volar... he olvidado como volar.
Recuerden, por favor, tus manos, como se construye un puente.
Recuerda tu nombre.
Recuerda mi voz.
Recuérdame y no desaparezcas.

When I saw you for the first time
Eyes the color of the ocean
Something moved inside of me
Long forgotten lying broken

Now I can't turn away
Watching you as you lay sleeping
Can you hear winds of change
Is this something to believe in

I lost direction in the darkness
Couldn't stop myself from running
I could feel the sun on my back
But I was afraid to let the light in

Now I can't run anymore
Now I see this gift you bring me
Can you hear winds of change
Maybe this loser's luck is turning

I will carry you in my heart
I will hold you in my memory
You could be a million miles away
But when I call
You will hear me

viernes, marzo 16, 2007

Cosas que hacer


Dibujado cuando chica. O sea, antes de los veinte.

Era mi idea de como se han visto las mujeres en la historia del mundo.

Ahora tendría que agregar oficiales de marina chilenas, de uniforme azul, con traje camuflado, fusil en mano, en campaña, en buzo de vuelo, en el mar requetecongelándose pero apelando con desesperación a las benditas neuronas del orgullo...

Hoy fue aburrido. Mañana no va a ser aburrido. Tener auto es choro, hasta que hay que pagar el permiso de circulación. Tener a la mamá-pesadilla de viaje es óptimo, hasta que hay que hacerse cargo del almuerzo del fin de semana (sí, patéticamente aun viviendo con mis padres... pero debo decir en mi defensa que viví dos años sola en el traste del mundo y no fue rico). Tengo que llevarle apoyo logístico a mi amiga Claudia, que se va a jugar a la guerra con los gringos por dos semanas. Y, de paso, robarle un vestido decente para la famosa fiesta de aniversario de la Aviación Naval, del próximo viernes (tengo tenida camuflada, buzo de vuelo, botas y bototos varios, pero vestidos... ni hablar. A veces apesto como mujer.)

Y en la tarde... baste con decir que muchos meses de lágrimas y esperanzas vanas resultaron no ser tan malgastados. Al menos no me voy a quedar con las puras esperanzas.

Tengo ganas de subir un cerro. O de perderme en un bosque. O de sentarme a la orilla de un lago. De preferencia, después de haber nadado un rato en el lago. Tengo ganas de tener mi cabañita de troncos en un campo del sur y sentarme a leer con un buen tazón de chocolate caliente y la chimenea prendida, mientras afuera se raja lloviendo y de la cocina sale olor a galletas de avena recién hechas. Y tengo ganas de andar a caballo, también. Por lo pronto, el Domingo me voy a Santiago a terminar de una vez por todas con el curso de Medicina Aeroespacial, para que me den el dichoso albatros-piocha y poder continuar con el largo-no-tan-largo camino a la cabañita en el campo. Por lo pronto, mi vida avanza a paso de tortuga, pero al menos mañana no va a ser aburrido.
I want to be the one
To say that I found you safe
And held you in my arms
I want anyone else in the world
To tell me
That they did too
And took you home

Across the field and to your door
And said, hey baby it’s cool,
There’s no reason to be scared anymore.
Took you home
And held you in, held you in, held you in.

Just stay home
Don’t come outside to play
Circumstance beyond control
I feel so helpless
Mind is racing and breaking
Me in to a million pieces
Because I can’t

Take you home
Across the river and to your door
Take you home and
Cut through the darkness
You don’t have to cry anymore
Take you home
And hold you in, hold you in, hold you in.

Take you home
Across the sea and to your door
Take you home
But I’m so scared
That home isn’t here anymore
Take you home
And hold you in
Through the nightshade and under the stars
And hold you in...
Escuchada hoy en Pandora. Es muy linda y, de algún modo, son mis miedos.

miércoles, marzo 14, 2007

Todo de Nuevo


Asesiné a mi blog. Sí. Me pareció que era el minuto de hacer la del fénix y renacer de las cenizas.

No sé muy bien de que se va a tratar esto de aquí en adelante; pero ya lo resolveré en el camino, como tantas otras cosas.

Ayer nadé la famosa milla medida.

Tenía pánico de lanzarme del helicóptero. Pánico de azotarme la cabeza contra el patín, o de que se me enredara una pierna en el idem o algo así. Lo único que quería era estar de una vez por todas en el agua, que, aunque gélida, siempre me ha parecido más segura que el vacío.

De que estaba helada el agua, estaba. Y el día estaba nublado. Y el mar, agitado.

Nadé y nadé y nadé y, al principio, parecía como si no avanzara nada. A ratos, una vez que ya había avanzado un poco, miraba a mi alrededor por encima de las olas (cuando se ponían buena gente y dejaban mirar...). Debe ser bastante angustioso estar solo en el medio del mar. Aunque a uno le guste MUCHO el mar. Y a mi me FASCINA el mar.

Afortunadamente, nadé bien, mantuve un buen ritmo y llegué quinta de doce. Lo cual me ganó respeto y consideración por parte de toda esa gente que yo sé que pensaba que "la niñita" no iba a durar ni dos minutos e iba a terminar envuelta en una frazada en la playa, esperando a que los hombres finalizaran una tarea propia de ellos. Una vez más, EN SUS CARAS!!

Y bueno. También volé en un PC-7. Y vomité. Por primera vez en mi vida estuve lo suficientemente mareada como para vomitar. Humillante. Desagradable. Y culpa del Eugenio, que no me hizo caso y me llevó a almorzar, negando la lógica milenaria que indica que sin comida en la guata, no hay vómito (a lo más unas pocas babas espesas).

El resto de mi vida va bien. El "Sí" de Kioskerman me abrió toda una nueva gama de esperanzas. Y otros síes y la publicación de una imagen con dedicatoria en el único otro blog que leo regularmente hacen que mañana aparezca bastante más luminoso y agradable que ayer.

En fin. El dibujo es un regalo para Jaime, quien sugirió que debiera empezar a poner mi obra en el blog. Una suerte de elfa, no de los mejores dibujos de mi vida, pero es un comienzo.