lunes, septiembre 15, 2008
La Nada
Hace dos meses (dos meses que parecen una eternidad), me levantaba a las 5, hacía media hora de deporte y partía feliz al laboratorio... ahora, la maldita falta de serotonina que se traduce en la maldita falta de sentido de la vida toda, me hace querer dormir hasta las 12 y mirar por la ventana el resto del día.
Y sin embargo...
Sin embargo, me levanto como puedo y voy. Y trabajo y cumplo con lo que se espera, como siempre. Con lágrimas atragantadas, que a veces soy libre de soltar escudada en la formalina (mucho menos romántico que "Crying in the Rain", pero igual de efectivo). Y, a ratos, me gusta lo que hago. Me gusta buscar ganglios ocultos entre kilos de grasa ("Tejido adiposo!!", me diría indignado el Dr. Gejman); me gusta ver celulitas especiales que ayudan a diagnosticar cosas. Me gusta el microscopio. Lo pésimo es que es a ratos cortos y que, por algún motivo, no logro acordarme de esa satisfacción en las mañanas, cuando más la necesito.
La depresión es una cosa pésima, tan re pésima que no se puede explicar; el que no la ha sentido, no sabrá jamás lo profundo que es el pozo, lo oscuras que son las tinieblas, lo espeso que es el alquitrán, lo pesado que es el plomo en los pies. A veces es como un dolor de guata, ese que da cuando uno tiene mucha hambre; duele y se siente, pero está vacío. Y uno sabe que está vacío. Otras veces es la nada más absoluta: ni hambre, ni frío, ni sed, ni dolor, ni calor, ni entusiasmo, ni rabia... ni siquiera pena. Ni compasión, ni empatía. Nada. Y otras veces (las peores, en mi opinión), es el llanto más profundamente doloroso del mundo, un llanto que hace pedazos todo lo que uno ama, todo lo que uno ha deseado. Cuando la gente habla de llantos desgarradores, ni se imaginan. Sentir el alma desgarrada por una pena negra, horrenda... y que uno no sabe de donde viene, ni por qué viene, ni cuando se va a ir. O si es que se va a ir alguna vez. Creo que por eso uno piensa en el suicidio. Ese es el momento en que uno decide que, en realidad, la perspectiva de vivir con esa tristeza esencial, que se vuelve totalitaria y masiva, que ahoga, que anula, que encierra y aplasta, no es una perspectiva en absoluto. No hay perspectiva. Hay vacío. Y en el vacío no se puede vivir. ¿Para qué vivir?, se pregunta uno... ¿para ver si se pasa? ¿Y si no se pasa? Es mejor no estar. No existir, antes que saber que se existe en el vacío, en la nada, en la pena eterna.
Ni siquiera piensa uno en el resto. Porque el resto ni ve, ni sabe, ni va a ser capaz de entender. Entonces ¿qué importa el resto? Y ¿qué le importa al resto uno, si uno es nada... si uno es una sombra carente de sustancia, de esencia, de ánimo?
Eso es lo que he pensado, todas y cada una de las veces en que he considerado seriamente el suicidio. Porque a uno siempre le vienen conque "hay otra salida", "es una cuestión de decisiones", "nada puede ser tan malo", "siempre es mejor estar vivo para seguir luchando"... PA TRA ÑAS. Nadie que se haya visto en la nada, pensaría que seguir en la nada es una buena alternativa.
Pero, para bien o para mal, yo veo más allá de la nada. Sería más fácil descansar del todo, por supuesto que sí. Esta vez, resultaría, por supuesto que sí. Pero más allá de la nada está mi todo y mi todo me espera y me necesita y me quiere. Y yo quiero saber qué pasa en el siguiente capítulo. Y, aunque Dios mismo viniera a decirme que no habrá más que la eterna desesperación, persistiría en mi intento. Así es que no, no me voy a morir. No me voy a consumir, no me voy a rendir ni voy a desaparecer. Esta vez, lucharé, con todas mis fuerzas. Por aquel que es mi todo, el único capaz de erradicar a la Nada de una vez y para siempre.
domingo, agosto 10, 2008
Desesperación

Estoy cansada. Anoche, durante la larguísima conversación-pelea-cobranza de sentimientos con mis padres, consideré seriamente salir corriendo al balcón y más allá y el pavimento duro casi no me parecía tan mal final... salvo lo histericoide de la situación.
Pero no, no es eso lo que me detuvo anoche, no es eso lo que me detiene cuando veo venir un camión lo suficientemente grande como para transformarme en mermelada...
Tú me detienes. Tú me sostienes. No el amor a tí, ni la idea de tí, ni el pensar en tu pena si me voy. Tú, no más. Tu sola existencia es motivo sufuciente para la mía.
No sé qué hacer. No quiero hacer nada. No quiero ser nadie. Pero sí quiero seguir viéndote todos los días. Sí quiero seguir siendo parte de tí.
No has llamado en todo el día y no sé por qué. Tampoco he llamado yo, ni he hecho el aseo, ni fui a misa (que quería, de verdad quería... pero está ese algo oscuro y viscoso que me aprieta y pega mis pies al suelo y mi alma a la sombra y no me deja ánimo).
La desesperación es abrumadora. Ni siquiera es desesperanza, que al menos explica cosas. Es desesperación pura y simple, porque quiero saber para donde voy y quien soy (quien soy YO, no quien quieren los demás que yo sea), quiero tener vida propia y respirar aire propio, quiero libertad y no la tengo y parece que no la fuera a tener jamás...
No hables de amarrarme con oros ni brillantes. No son amarras, no para mí. Son las naves al oeste ¿Cuándo me llevarás por fin al oeste? ¿Y es allá donde no importa si no quiero nada, o si no soy nada más que la mujer que te ha querido desde antes del inicio de los tiempos?
Dime que sí, aunque no lo sepas. Dime que sí y dame un poco más de tiempo, un poco más de fuerza.
La foto de Reñaca es preciosa, creo yo. Pero, si la miro mucho, es el lugar en donde estoy ahora. Mordor, dijo el que la tomó.
Y ya ni siquiera sé de qué estoy escribiendo. Sombras y más sombras, densas como el alquitrán, oscuras como el vacío y con una fuerza tan inmensa... tan inmensa.
Si hay un Dios (y sé que lo hay, debe haberlo), necesito su ayuda.
Y si tú puedes cargar con Atlas y el mundo y los elefantes y una enorme tortuga, suelta un dedo y cárgame a mí, porque ya no puedo más. No doy más.
Hacia donde mire, el vacío. Cada latido de mi corazón grita "¡Desespérate y muere!", como la Bruja a Aslan.
La Nada está destruyéndolo todo. Y no hay nombre para la niña Emperatriz, no hay un Bastián soñador ¿o sí?
No sé nada, mi amor. Nada de nada. Y mañana, de vuelta a sentarme frente al microscopio, a leer páginas y páginas de configuraciones celulares que nada tienen que ver con lo que espero de la vida. A escribir páginas y páginas de informes que a veces le cortan a alguien todas las esperanzas, también. Y así, horas que pasan mientras pienso y pienso y no entiendo y no decido y no quiero.
Estoy cansada.
viernes, agosto 08, 2008

I'll never let you see
The way my broken heart is hurting me
I've got my pride and I know how to hide
All my sorrow and pain
I'll do my crying in the rain
If I wait for stormy skies
You won't know the rain from the tears in my eyes
You'll never know that I still love you so
Though the heartaches remain
I'll do my crying in the rain
Raindrops falling from heaven
Could never take away my misery
But since we're not together
I pray for stormy weather
To hide these tears I hope you'll never see
Someday when my crying's done
I'm gonna wear a smile and walk in the sun
I may be a fool
But till then, darling, you'll never see me complain
I'll do my crying in the rain
I'll do my crying in the rain
I'll do my crying in the rain
I'll do my crying in the rain
Porque no tengo espacio para llorar y a veces quisiera llorar por horas
Pero el maldito trabajo que ni siquiera sé si quiero no me permite el tiempo para vaciar los ojos, el alma...
Si lloviera más
Si tuviera más tiempo en la ducha, donde las lágrimas se confunden con el agua tibia
Si estuviera más tiempo en tus brazos...
No sé qué hacer
No sé qué decidir
Lo único que sé es que te quiero y que mi horizonte brillante te tiene a tí por único sol
Quiéreme
Quiéreme a pesar de todo
Quiéreme, que me muero de a poco si no lo haces
Bzz
domingo, abril 20, 2008
Ser... o no ser






Error fatal...
Me puse a ver Sports Illustrated: The Suimsuit Edition, hace un rato. Mujeres. Maravillosas mujeres, lindas y delgadísimas, con cuerpos y rostros perfectos.
Y mi autoestima se fue al carajo.
No sirvo.
Esos sitios web que apoyan la anorexia y la bulimia no tienen IDEA de lo que están hablando. Ser un saco de hueso y pellejo no sirve. Ser un conjunto de músculos perfectamente esculpidos, cubiertos por piel sin mácula y coronados por cabellos de brillo infinito y ojos imposibles... eso es la meta inalcanzable.
Debo estar loca sin remedio. Porque me miro al espejo y todo lo que veo son ojos demasiado juntos, nariz demasiado ganchuda, boca demasiado pequeña, grasa sobrante por todos lados, piernas cortas, pantorrillas rechonchas, tobillos anchos, cintura inexistente, pocas prominencias oseas, celulitis, gravedad con demasiada fuerza y brazos con muy poca...
No puedo, NO PUEDO mirarme en el espejo y decir "me veo bien". Cada imperfección, grande o pequeña, se me hace inmensa.
Y, a eso, hay que sumarle la sensación de que culturalmente soy un cero a la izquierda e intelectualmente no salvo a nadie.
Me siento tan disconforme conmigo misma, que me dan ganas de desaparecer del mapa.
Quisiera que mi pelo fuera veinte centímetros más largo y ondulado en las puntas.
Quisiera que mis ojos tuvieran 5mm más de separación y fueran profundamente azules.
Quisiera pestañas más largas.
Quisiera medir cinco centímetros más.
Quisiera pesar 15 kilos menos.
Quisiera que desapareciera la curva de mi nariz.
Quisiera que mi cintura se notara.
Quisiera tener talla 40 o medium/small.
Quisiera ser el tipo de mujer que TODO ser humano se voltea a mirar, porque es sencillamente perfecta.
Y no tengo nada de eso.
Es altamente probable que esta desagradable exacerbación de mi autoconmiseración e inseguridad se deba a que empiezo la beca en una semana más. A que me tengo que ir a vivir a Santiago, a estudiar en contra de mi voluntad una cosa que, dentro de lo mucho que me desagrada la medicina, me es un poco menos insoportable.
No quiero ser más nómade.
Quiero ser flaca y linda.
Quiero estar casada y tener, al menos, un hijo.
Quiero tener mi propia casa/departamento.
Quiero no tener que ser médico.
Quiero no preocuparme por nada.
Quiero ser nada.
Quiero NO SER.
Que Dios me ampare, me estoy deprimiendo. Y lo único bueno de eso es que, cuando se pone realmente pésimo, se me quita el hambre y bajo de peso.
Pero eso no arregla mis ojos, mi boca, mis piernas...
Me carga ser yo. Me carga cargar con cien mil frustraciones. Me carga tener 30 años y no saber para dónde cresta va la vida, no poder hacer planes, no tener ninguna certeza.
Supongo (porque así ha resultado el último tiempo), que se me pasará todo esto y, una vez más, cumpliré con todo aquello que se espera de mi.
Pero... ¿y lo que espero yo de mi?
Eso no va a ocurrir, nunca.
Otra vez, a agachar la cabeza y esperar que la muerte no demore demasiado.
Que Dios se apiade y me lleve. Y que nadie me eche de menos.
lunes, abril 07, 2008
El Hijo
A un hombre rico y su hijo les gustaba coleccionar obras de arte; tenían de todo en su colección, desde Picasso hasta Rafael. A menudo se sentaban juntos y admiraban las obras maestras.
Se inició un conflicto armado y el hijo fue al frente. Era valeroso y murió en batalla, rescatando a otro soldado. Su padre lloró mucho su muerte.
Cerca de un mes más tarde, justo antes de Navidad, alguien golpeó a la puerta del hombre. Un joven estaba allí, de pie, con un enorme paquete en sus manos y le dijo:
“Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por el que su hijo dio la vida. Salvó a muchos otros ese día y me llevaba a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el corazón, matándolo instantáneamente. Siempre hablaba de usted y de lo mucho que le gustaba el arte”.
El joven le tendió el paquete, diciendo: “Sé que esto no es mucho… no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted tuviera esto”.
El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el otro joven. Miró asombrado la manera en que el soldado había captado la personalidad de su hijo en la pintura. Tanto le atraían los ojos del retrato, que los suyos se llenaron de lágrimas. Le dio las gracias al joven y ofreció pagar por la pintura.
“Oh, no señor, no tengo como pagar lo que su hijo hizo por mi. El retrato es un regalo”.
El padre colgó el retrato y cada vez que venía gente a su casa, los llevaba a ver el retrato de su hijo antes de mostrarles las grandes obras de arte que poseía.
El hombre murió unos meses más tarde. Se programó una gran subasta de sus pinturas. Mucha gente influyente se reunió, ansiosa por ver las grandiosas pinturas y tener la oportunidad de comprar alguna de la colección.
En el atril se puso la pintura del hijo. El martillero golpeó la mesa. “Empezaremos la subasta con la pintura del hijo ¿Quién pujará por ella?
Silencio.
Entonces, una voz en la parte de atrás de la sala gritó: “Queremos ver las pinturas famosas. Sáltese ésa.”
Pero el martillero insistió: “¿Alguien pujará por esta pintura? ¿Quién empezará la subasta? ¿$100.000? ¿$200.000?”
Otra voz se alzó con enojo: “No vinimos a ver esta pintura! Venimos a ver los Van Goghs, los Rembrandts. Empecemos con la subasta de verdad!!”
Pero aun así, el martillero continuó: “¡El hijo! ¡El hijo! ¿Quién se quedará con el hijo?”
Finalmente, se oyó una voz desde el punto más alejado de la sala. Era el jardinero del hombre y su hijo. “Yo daré $5.000 por la pintura”, dijo. Siendo un hombre pobre, era todo lo que podía gastar.
”Tenemos $5.000, ¿quién da $10.000?”, dijo el martillero.
“¡Désela por cinco!”, exclamó alguien. “Veamos a los maestros”.
”$5.000 es la base, ¿nadie dará $10.000?”
La audiencia estaba alterándose. No querían la pintura del hijo. Esperaban mejores inversiones para sus colecciones.
El martillero golpeó la mesa: “Se va a la una, a las dos… ¡VENDIDA por $5.000!”
Un hombre en la segunda fila gritó: “¡Ahora, veamos la colección!”
El martillero bajó su martillo. “Lo siento”, dijo, “se terminó la subasta”.
”¿Y qué pasa con los cuadros?”, preguntó alguien.
“Lo siento. Cuando se me llamó a dirigir esta subasta, se me informó sobre una cláusula secreta del testamento. No se me permitiría revelar dicha cláusula hasta este momento. Sólo se subastaría el retrato del hijo; quienquiera que comprara esa pintura, heredaría todas las propiedades, incluyendo las pinturas. El hombre que se quedara con el hijo lo obtendría todo!”.
Dios entregó a su Hijo hace dos mil años, para morir en la cruz. Tal como exclamaba el martillero, su mensaje hoy por hoy es: “¡El hijo, el hijo! ¿Quién se quedará con el hijo?”
Porque, verán, quien se quede con el Hijo, lo obtiene todo.
Me lo envió mi madre hoy. Dadas las circunstancias actuales de mi vida (y de tu vida y del mundo entero), me pareció buena idea ponerlo aquí. Para pensar, no más... para pensar.
jueves, marzo 27, 2008
De recuerdos

Sigues dando vueltas en mi cabeza
Dando vueltas
Sigues dando vueltas en mi cabeza
Dando vueltas
Debo admitir que todo es muy distinto sin ti
Que no me apaguen la luz
Que necesito encontrar
Buscar en cada rincón
Los pedazos del tiempo
Que vimos crecer
.........................................
Will you stay with me, will you be my love
Among the fields of barley
We'll forget the sun in his jealous sky
As we lie in fields of gold
See the west wind move like a lover's soul
Upon the fields of barley
Feel her body rise when you kiss her mouth
Among the fields of gold
I never made promises lightly
And there have been some that I've broken
But I swear in the days still left
We'll walk in fields of gold
We'll walk in fields of gold
Un pedacito de recuerdo (tuyo y mío). De regalo para el que reza por mi todas las noches, desde hace mucho tiempo.
Y Dios tiene que existir, para que exista la trascendencia. Porque quiero pasar la eternidad dando vueltas contigo por campos dorados... y no sólo en mi cabeza.
domingo, marzo 23, 2008
Agnus Dei

Hace tremendamente mucho tiempo que no escribo nada de nada. A pesar de que en Septiembre me embarqué en Aventuralandia Ship y recorrí el Sur de Chile como cincuenta veces y vi miles de maravillas... no sé. A ratos me daban ganas de tomar nota de lo que me pasaba o lo que había afuera, pero nunca concreté las buenas intenciones y los recuerdos no se plasmaron en ninguna parte.
Puedo decir que vi glaciares majestuosos, aunque suene cursi. Porque sí los vi y sí son majestuosos, de una majestuosidad que deja a la altura del unkto al más rey.
También puedo decir que conocí Puerto Chacabuco (que es una caleta de pescadores de poco más de una cuadra) y las termas de Puyuhuapi (ultra top, ultra caras y ultra en reparaciones cuando me bajé a ver unos enfermos que había), Juan Fernández (gran isla, viviría allá sin dudarlo) y el famoso y nunca bien ponderado Cabo de Hornos (con la Presidenta de la República a bordo y todo, qué se creen)... pero igual ya no, ya.
La verdad, escribo hoy día porque anoche fui a Misa.
Después de un día lleno de desilusiones y discusiones por las mismas leseras de siempre, esas que me hacen dudar respecto de muchas cosas y temer respecto de muchas otras, fui a la Vigilia Pascual en San Benito. Creo que había ido antes, pero en la Capilla del Hospital Naval, así es que el tema de la bendición del fuego y el agua me la había perdido. La renovación de las promesas bautismales se me había olvidado. Y obvio que no me acordaba de que eran como ocho lecturas, con sus salmos (cantados), más el Evangelio.
No, no fui por un repentino y milagroso retorno al redil. Fui porque mi Jaime leía la tercera lectura. Me tuve que sentar adelante, todo el tiempo con miedo de que alguien me viera la cara de católica arrancada y me echara con bolas de fuego y cosas... (de hecho, había un par de señoras que me miraban con poco cariño. Brujas.)
Y, a pesar de todo... al final, hasta cantaba. Y no sé por qué (atávicas constumbres no abandonables, porque la conciencia puede más que los músculos, supongo), me arrodillé y me emocioné cuando llegamos al "Este es el Cordero de Dios...". Claro, es que a mi me enseñaron que ante la Hostia Consagrada uno se agacha y punto. Aunque yo me haga la chora todo el rato afuera de la Iglesia y diga "qué tanto, si es pan no más y no tiene ni levadura la cuestión".
Resulta que parece que no es pan, no más. Al menos en mi mente, no es "pan, no más". Es harto más que pan. Tanto más, que me caían lágrimas (después le eché la culpa al incienso, para no ponerme tan reconvertida de un suácate). No sé qué va a pasar conmigo, ahora. Porque resulta que, cuando uno se da cuenta de que se emociona con un ex-pedazo de pan, la cosa está color de hormiga. El agnosticismo buena onda ya no funca mucho. Y no me quedan muchos buenos argumentos.
Sí, el Papa me cae mal. Los curas no son muy de mi devoción tampoco. Y Jesús todavía me suena un poco a leyenda urbana del siglo II (que Dios me perdone, pero es la verdad). Pero el El, el Verbo, el Alfa-Omega de la vida... le ganó por goleada a mi panteón pagano, parece. Lo echo de menos, a El. Me dan ganas de rezarle de nuevo.
¿Me estaré poniendo vieja? ¿O estaré muerta de susto por la cuestión de la beca y no me atrevo a andar así, sin Dios, por la vida? ¿O querré, simplemente, dejar de pelear conmigo por creer en algo en lo que, definitivamente, sí creo?
No sé nada. Entiendo casi nada, salvo las lágrimas del alma cuando me arrodillo ante lo que quiero creer que es Dios ¿tan simple minded me he vuelto? Me doy vergüenza... pero no me importa.
Veremos, pues. A lo mejor es el asunto de la Semana Santa, no más. Y de aquí al próximo viernes, se me pasa.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi
Miserere me...
martes, enero 01, 2008
Otro año

Año nuevo. Arbitrario, como todo en la vida, pero en fin. Sería raro que lleváramos un solo año con billones de meses, sobre todo porque ya estaríamos en un mes llamado "Haptrigósido" o algo así (no, no creo en la inventiva humana... y la palabra no existe, ya la busqué en la RAE).
En todo caso, no lo pasé mal. Y hubo buenas señales que, supongo, auguran que los días que vienen no serán peores que los que pasaron. Año nuevo o no, con o sin significado, hoy es mejor que ayer, al menos para mi.
Como se supone que estamos partiendo recién, todo de nuevo, voy a cantar (en sus mentes, queridos lectores, en sus mentes...) la canción que llevaba en el alma cuando empecé este blog y que es una suerte de himno personal a la esperanza de que las cosas irán bien.
The book of Love is long and boring
No one can lift the damned thing
It's full of charts, and facts and figures
And instructions for dancing
But I
I love it when you read to me
And you
You can read me anything
The book of Love has music in it
In fact, that's where music comes from
Some of it is just transcendental
Some of it is just really dumb
But I
I love it when you sing to me
And you
You can sing me anything
The book of Love is long and boring
And written very long ago
It's full of flowers and hert-shaped boxes
And things we're all too young to know
But I
I love it when you give me things
And you
You ought to give me wedding rings
I
I love it when you give me things
And you
You ought to give me wedding rings
La canción original es de un grupo llamado "The Magnetic Fields", en caso de que quieran escucharla. Hay otra versión de Peter Gabriel, que se usó en una película con Richard Gere y la J-Lo. Todavía no decido cual me gusta más.
Espero que, for what it's worth, este año "nuevo" sea mejor para todos, en todos los sentidos necesarios, que el que ya pasó. Si no lo es, don't hate the player, hate the game. De hecho, ni siquiera odien el juego. Escupan al inventor del juego, por ganador, picota, cañaño, obtuso, omnipotente y con pésimo sentido del humor... a El no le va a importar, porque con eso se mantiene entretenido.