
Silencio, cierra tus ojos
Y yo te mantendré seguro
Te dejaré sollozar
Y cantaré para que duermas
No tengas miedo
Recuerda que estoy aquí
El ruido de la calle desaparecerá pronto
Cuando el suave rostro de la misericordia
Se pierda tras un velo
Yo me quedaré con los ojos abiertos
Me quedaré aquí con los ojos abiertos
Para velar por tí
Y llevarme lejos la tristeza y el miedo
Escóndete en mis brazos
Y sueña sueños dorados,
Olvidando el mundo
De hombres y máquinas
Cuando los suaves ojos de la misericordia
Estén cegados por la oscuridad
Yo me quedaré con los ojos abiertos
Me quedaré aquí con los ojos abiertos
Para velar por tí
Y llevarme lejos la tristeza y el miedo
Yo estaré aquí
No es mío, es de October Project. La música de ellos la conocí hace años, gracias a un amigo. Las letras, en su gran mayoría, son preciosas. La traducción hace que se pierda un poco el espíritu de la canción, pero que se le va a hacer.
A veces me echo y pienso en lo bueno que debe ser que haya alguien velando por uno. No mis padres, que a veces dan más la impresión de ser lazarillos (y de verdad deben creer que estoy ciega y no sé ver lo que es bueno para mi...).
A lo mejor estoy ciega y no veo lo que es mejor para mí. A eso también le doy vueltas, en el silencio de la noche. Pero no creo que importe mucho. Ciega o no, persisto en un camino porque me gusta. Aunque hay veces en que quisiera dejar todo y tomar el camino paralelo, ese que dejé atrás en alguna encrucijada, ahora perdida en la distancia. Tal vez ya no exista el camino paralelo.
Hay quien se ríe de mi por el brillo en mis ojos. Cuando hablo de, o pienso en, aquello que quiero, más que nada en el mundo. Tampoco importa mucho, al menos no en un sentido negativo. Celos, pueden ser, de no tener motivo para que brillen los ojos, o de no tener a alguien cuyos ojos brillen por uno. Ahora bien, no sé si haya ojos que brillen por mí. Salvo, tal vez, los de mi padre, cuando comenta mis logros. Sí los hay que han llorado por mi causa y eso, probablemente, sea el motivo más poderoso para pensar, una y otra vez, en volver al camino paralelo.
Los suaves ojos de la misericordia... ¿existirán en alguna parte? ¿o estarán, para mí, siempre cegados por la oscuridad?
Dios dirá. Mientras tanto, espero.
Y estoy aquí, siempre.
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